martes, 13 de agosto de 2013
Julio 20 de 2013
Eran más o menos las 7pm, y seguiamos en la universidad. Ese hermoso y sensillo recinto que en las noches se ve tan poético con sus luces naranjas a medio brillo, delineando la estatua de la plaza central. No hay ruido y la poca gente que continua allí estaba en clases.
-Antes de irnos, vamos al baño ¿Si?
Asintió, me tomó de la mano y empezamos a buscar uno que no estuviese mojado. Al fín entramos al segundo piso de un bloque y cuando ibamos saliendo, chismeabamos a los pobres enclaustrados.
-Ese salón- dijo riendose y jugueteando- es el que solo se abre por dentro, si no estoy mal.
-Mira ese salon tan grande, no entiendo como unos salones parecen buardillas y otros como para banquetes. ¿Está solo?-dije mientras entraba en medio de la penumbra (uno no sabe si alguien tuvo mi idea primero).
-Jum-Asintió haciendose el loco.
Lo sujeté por las correas de la maleta y lo halé hacia mí para que me cercara contra la pared. Eso me enciende. Sus manos no tardaron en apretar mis muslos, subiendo con poca ligereza, una mano hacia mi pecho y la otra me sujetaba del cabello. Volvió a bajar a mi pierna, esta vez para subirla y poner mi sexo a la altura del suyo. Ese roce ni fuerte ni suave que hacia contra mí, ponía los músculos de mi vientre, a presión. Al sentirnos ya calientes, le hice sentarse en el suelo, me encanta cabalgar a mi ritmo, y que me estruje en el proceso. Esta ves, de pronto por el afán, solo al ponerme sobre el, sentir correrme un rió y al parecer él se me unió en instantes.
Bajó el ritmo de sus embestidas, y me recostó en el suelo, con mis senos al alcance de su boca, siguió embistiendo.
-Esta ves te vienes en mi boca-le dije, al ver que subia la intencidad. No respondió, siguió unos minutos y se dejó empujar para quedar sentado sobre sus rodillas a lo que yo caí sobre su cinturón. Me sujetó del cabello y ayudaba a que yo tragara con velocidad. Adiviné que había eyaculado, reconozco ese sabor entre salado y dulce de su semen.
-Vamos a probar ¿Te parece?-Pasó su mano desde mi clítoris, pasando por toda mi humedad, llegando entre mis nalgas, entrando y saliendo. Era la primera vez que haciamos esto, era una sensación extraña entre placer e incomodidad. Para mi sorpresa no tardé en correrme mientras miraba el techo en medio de mi utopia.
-¿Nos vamos?
-Ujum- afirmé y lo besé.
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